miércoles, 11 de julio de 2012

Tanto caminar...



TANTO CAMINAR en el mismo laberinto
y todavía no se reconoce la piedra
con la que tropezamos una y otra vez.

El olvido llueve sobre los ojos,
y simulamos dar un paso adelante.

Alguien sostiene con su sombra
el peso de lo que un día, una noche, volverá a repetirse.
No hay una máscara para el miedo,
tampoco para la muerte.
Todos los muros que nos rodean
están siendo escritos por el paso de las horas,
por nuestras largas vigilias, por el secreto deseo de la sangre,
por la insistencia del amor y el fracaso,
por la oscura ceniza que una vez fue nuestra casa
y que nos obliga a permanecer.

Pregunto entonces con la boca de los muertos:
¿qué de ti quedó entre las rosas?

***
Del libro, La noche en el espejo

miércoles, 13 de junio de 2012

Cuadernos de Malte Lourids Brigge / Fragmentos / Rainer Maria Rilke

                 Memoria- René Magritte                    
                                                                          


Aprendo a ver. No sé por qué, todo penetra en mí más profundamente, y no permanece donde, hasta ahora, todo terminaba siempre. Tengo un interior que ignoraba. Así es desde ahora. No sé lo que pasa.
Hoy, al escribir una carta, me ha disgustado el hecho de que estoy aquí solamente desde hace tres semanas. Otras veces, tres semanas, en el campo, por ejemplo, parecían un día; aquí son años. Por lo demás, no quiero escribir más cartas. ¿Para qué decir a nadie que cambio? Si cambio, ya no soy el de antes, y si soy otro distinto del que era, es evidente que ya no tengo relaciones. Y por lo tanto no quiero escribir a extraños, a gentes que no me conocen.

¿Lo he dicho ya? Aprendo a ver. Sí, comienzo. Todavía va esto mal. Pero quiero emplear mi tiempo.
Sueño, por ejemplo, que todavía no había tenido conciencia del número de rostros que hay. Hay mucha gente, pero más rostros aún, pues cada uno tiene varios. Hay gentes que llevan un rostro durante años. Naturalmente, se aja, se ensucia, brilla, se arruga, se ensancha como los guantes que han sido llevados durante un viaje. Estas son gentes sencillas, económicas; no lo cambian, no lo hacen ni siquiera limpiar. Les basta, dicen, y ¿quién les probará lo contrario? Sin duda, puesto que tienen varios rostros, uno se puede preguntar qué hacen con los otros. Los conservan. Sus hijos los llevarán. También sucede que se los ponen sus perros. ¿Por qué no? Un rostro es un rostro.

Otras gentes cambian de rostro con una inquietante rapidez. Se prueban uno después de otro, y los gastan. Les parece que deben de tener para siempre, pero apenas son cuarentones y ya es el último. Este descubrimiento lleva consigo, naturalmente, su tragedia. No están habituados a economizar los rostros; el último está gastado después de ocho días, agujereado en algunos sitios, delgado como el papel, y después, poco a poco, aparece el forro, el no-rostro, y salen con él.

Pero la mujer, la mujer: estaba toda entera caída hacia delante, sobre sus manos. Era en la esquina rue Notre Dame-des-Champs. En cuanto la vi me puse a andar despacito. Cuando las pobres gentes reflexionan no se las debe molestar. Quizá lleguen a encontrar lo que buscan.

La calle estaba vacía; su vacío se aburría, retiraba mi paso de debajo de mis pies y claqueaba con él, al otro lado de la calle, como con un zueco. La mujer se asustó, se arrancó de sí misma. Demasiado de prisa, demasiado violentamente, de manera que su cara quedó en sus dos manos. Pude verlo, y ver su forma vaciada. Me costó un esfuerzo indescriptible quedarme en esas manos, no mirar hacia aquello de que se había despojado. Me estremecí al ver un rostro tan de dentro, pero me daba más miedo la cabeza desnuda, desollada, sin rostro.

(…)

Y cuando pienso en otros que he visto o de los que he oído hablar, siempre es igual. Todos tienen su muerte propia. Esos hombres que la llevaban en su armadura, en su interior, como un prisionero; esas mujeres que llegaban a ser viejas y pequeñitas, y tenían una muerte discreta y señorial sobre un inmenso lecho, como en un escenario, ante toda la familia, los criados y los perros reunidos. Si ni siquiera los niños, aun los más pequeños, tenían una muerte cualquiera para niños; se concentraban y morían según lo que eran, y según aquello que hubieran llegado a ser.

Y qué melancolía y dulzura tenía la belleza de las mujeres encinta y de pie, cuando su gran vientre, sobre el que, a pesar suyo, reposaban sus largas manos, contenía dos frutos: un niño y una muerte. Su sonrisa densa, casi nutritiva en su rostro tan vacío, ¿no provenía quizá de que sentían a veces crecer en ellas el uno y la otra?

He hecho algo contra el miedo. He permanecido sentado durante toda la noche, y he escrito. Ahora estoy tan fatigado como después de una larga caminata a través de los campos de Ulsgaard. Me duele pensar que todo eso ya no existe, que gentes extrañas habitan aquella vieja y larga casa señorial. Es posible que en la habitación blanca, arriba, bajo el remate, las criadas duerman ahora, duerman con su sueño pesado, húmedo, desde el anochecer hasta la mañana.
Y no tiene uno nada ni a nadie, y se viaja a través del mundo con su maleta y un cajón de libros, y en resumen, sin curiosidad. ¿Qué vida es ésta? Sin casa, sin objetos heredados, sin perros. ¡Si al menos hubiese recuerdos! Pero ¿quién los tiene? Si la infancia estuviese aquí: pero está como enterrada. Quizá sea necesario ser viejo para poder conseguir todo. Pienso que debe ser bueno ser viejo.

(…)

Creo que debería empezar a trabajar un poco, ahora que aprendo a ver. Tengo veintiocho años, y , por decirlo así, no me ha sucedido nada. Rectifiquemos: he escrito un estudio sobre Carpaccio, que es malo, un drama titulado Matrimonio que quiere demostrar una tesis falsa por medios equívocos, y versos. Sí, pero ¡los versos significan tan poco cuando se han escrito joven! Se debería esperar y saquear toda una vida, a ser posible una larga vida; y después, por fin, más tarde, quizá se sabrían escribir las diez líneas que serían buenas. Pues los versos no son, como creen algunos, sentimientos (se tienen siempre demasiado pronto), son experiencias. Para escribir un solo verso es necesario haber visto muchas ciudades, hombres y cosas; hace falta conocer a los animales, hay que sentir cómo vuelan los pájaros y saber qué movimiento hacen las florecitas al abrirse por la mañana. Es necesario poder pensar en caminos de regiones desconocidas, en encuentros inesperados, en despedidas que hacía tiempo se veían llegar; en días de infancia cuyo misterio no está aún aclarado; en los padres a los que se mortificaba cuando traían una alegría que no se comprendía (era una alegría para otro); en enfermedades de infancia que comienzan tan singularmente, con tan profundas y graves transformaciones; en días pasados en las habitaciones tranquilas y recogidas, en mañanas al borde del mar, en la mar misma, en mares, en noches de viaje que temblaban muy alto y volaban con todas las estrellas – y no es suficiente incluso saber pensar en todo esto. Es necesario tener recuerdos de muchas noches de amor, en las que ninguna se parece a la otra, de gritos de parturientas, y de leves, blancas, durmientes paridas, que se cierran. Es necesario aún haber estado al lado de moribundos, haber permanecido sentado junto a los muertos, en la habitación, con la ventana abierta y los ruidos que vienen a golpes. Y tampoco basta tener recuerdos. Es necesario saber olvidarlos cuando son muchos, y hay que tener la paciencia de esperar que vuelvan. Pues, los recuerdos mismos, no son aún esto. Hasta que no se convierten en nosotros, sangre, mirada, gesto, cuando ya no tienen nombre y no se les distingue de nosotros mismos, hasta entonces no puede suceder que en una hora muy rara, del centro de ellos se eleve la primera palabra de un verso.

(…)



martes, 14 de febrero de 2012

Cuaderno del Ángel / Poemas



Esto es entonces el silencio. Una preparación, un dejar que la vida y la muerte tomen cuerpo en nosotros y nos obliguen a mirarlas de frente, sintiéndolas en cada uno de nuestros miembros como sustancias indivisibles en cuyo centro se descifra la existencia. Todo cuanto conocemos estará ahí, de pie, imposible y transparente. Todo buscará nombrarse y celebrarse en esa región en la que ya no somos uno sino muchos, en la que no habrá un antes ni un después sino la grandeza de un tiempo inabarcable y eterno. "Todo ángel es terrible", nos dice Rilke en el comienzo de su segunda Elegía. ¿Y cómo no aceptar esta afirmación cuando se está frente a una realidad que se levanta por encima de nosotros y nos llama y nos exige una conciencia de totalidad, de absoluto? ¿Una exigencia que promete desbordar nuestros presupuestos, descoyuntar nuestra primera concepción de las cosas, de la naturaleza, del corazón del hombre? ¿Una exigencia que romperá dolorosamente el cuerpo de lo posible para ir tras la sombra de lo imposible?

***

Sílaba editores, 2012
Secretaría de Cultura Ciudadana, Alcaldía de Medellín

sábado, 12 de noviembre de 2011

Entrevista a Marta Eloy Cichocka



Hace algunos meses, Marta Eloy Cichocka, poeta, fotógrafa y artista polaca, leyó sus poemas en la Casa Museo Otraparte. Viajera incansable, ella compartió con el público su experiencia con el idioma castellano y su cercanía con la cultura latinoamericana.

Háblanos sobre tu experiencia poética en el contexto literario de Cracovia. ¿Cómo percibes a los poetas polacos contemporáneos? ¿Cuáles de ellos han influido en tu escritura?

Parecen preguntas sencillas y, sobre todo, naturales -y sin embargo debo ser sincera: no sé muy bien cómo responderlas. Es que no me siento pertenecer a ningún contexto literario en particular: ni de Varsovia, que es la capital de mi país, ni de mi Cracovia natal, ni a los círculos de la llamada poesía femenina. Si pudiera elegir un contexto más amplio, sería simplemente el de la generación de los 70, porque creo que compartimos todos las mismas experiencias: la infancia bajo el régimen, la ley marcial, la caída del Muro de Berlín. Pero las conclusiones que sacamos de todo eso ya son muy personales. Además, debo subrayar que tuve la oportunidad de estudiar y de enseñar) fuera de Polonia: pasé casi diez años en Francia y por eso llegué a establecer las relaciones con los círculos literarios de Polonia solamente después de mi regreso y la publicación de mi primer poemario, Wejscie ewakuacyjne (La entrada de emergencia) en 2003. Por eso, los poetas que más influencia tuvieron en mi escritura no son necesariamente polacos ni contemporáneos: Guillaume Apollinaire (1880-1918), Krzysztof Kamil Baczynski (1921-1944), Sylvia Plath (1932-1963) y Stanislaw Baranczak (1946-), gran poeta polaco y traductor del inglés son a quienes más aprecio y admiro. Sin embargo,me marcaron igualmente los poemas verticales del argentino Roberto Juarroz (1925-1995), como la poesía casi desconocida del narrador francés Michel Houellebecq, autor de Las partículas elementales (1998).

¿Podríamos pensar, entonces, que tu experiencia poética -así como la de tu generación- encuentra sus raíces en esa visión plural de las cosas, del mundo que nos rodea, o por el contrario sientes que al estar inmersos en una época en la que las barreras culturales e idiomáticas tienden a desaparecer, los impulsa a buscar en el lenguaje un territorio para la singularidad y la experiencia íntima de lo cotidiano?

No me atrevería a generalizar demasiado acerca de un fenómeno tan efímero como la experiencia poética -en polaco incluso tenemos un dicho: “Poeta sie nie jest, poeta sie bywa”, según el cual uno no “es poeta”, sino solamente “está poeta” de vez en cuando. Por eso, cada respuesta dogmática sería falsa y aproximativa. Y, sin embargo, me parece importante subrayar que la experiencia poética nace, inevitablemente, como consecuencia de otra gran experiencia transformadora: la lectura. En este sentido todos somos lectores que aprenden a escribir, en el contexto estético de nuestra época, con el equipaje de erudición que heredamos de nuestros maestros. El placer de escribir como una prolongación del placer de leer se transforma poco a poco en un deseo de ser leído, muchas veces bastante narcisista y egocéntrico, hay que reconocerlo. Pero al mismo tiempo es un deseo de creación puramente divino: tal como los dioses del Popol Vuh buscaban obstinadamente crear seres que los veneraran y recordarán “sobre la faz de la tierra”, los que escribimos buscamos, conscientemente o no, a ser leídos y recordados por los que nos leen. En este sentido cada experiencia poética repite la ambición divina de crear un universo (del poema) poblado por sus habitantes (los lectores). Por otra parte, suscribo totalmente a las teorías según las cuales la poesía, como la música, permite lograr espacios de lo inefable -pero eso ya es otro tema, además muy difícil de comentar con las palabras.

¿Crees que nos encontramos frente a una nueva crisis del lenguaje poético? Y si fuese así ¿cuáles son esas señales y de qué modo, según tu experiencia, debemos asumir ese compromiso de renovación?

Desde que el siglo XIX impuso a los artistas una exigencia de originalidad, cada generación se siente, primero, obligada a rebelarse contra la precedente -y más tarde atraída, inevitablemente, a las anteriores (sabiendo que en aquel momento ya se le acerca otra generación más joven y agresiva). No creo que seamos capaces actualmente de una revolución estética tan radical como en la primera mitad del siglo XX, cuando los sucesivos “-ismos” realmente reinventaban y redefinían el mundo. Lo que ahora se está redefiniendo -es el mercado y el público. Hay festivales, premios, lecturas públicas-, pero también cada vez más páginas web, comunidades virtuales, blogs poéticos. La ciberliteratura es un hecho, aunque ocupa un espacio virtual. En la internet todos los textos están al alcance de la mano: ahora escribir es leer, reciclar, citar o autocitarse, escribir en palimpsesto. Por eso creo que el lenguaje poético necesita una nueva crisis a diario -como el oxígeno.
La palabra “crisis” en griego significa “proceso”, “cambio”, “puesta en cuestión, “replanteamiento” -interesante, ¿verdad?-. Una crisis no tiene que ser una amenaza. Y creo que el estado actual de las cosas no favorece una plácida contemplación de las figuras retóricas en filigrana. Vivimos tiempos interesantes, los cambios son tan rápidos como inesperados, el lenguaje poético que sea vivo debe renovarse con cada poema.

Cada poeta tiene una forma distinta de acercarse a su escritura. ¿Cuál sería tu “Ars poética”?

Si tuviera que resumir mi “Ars poética”, diría que suscribo plenamente a esa visión donde el “daimonion” toma las riendas de la inspiración: su voz interior nos advierte cuando cometemos errores pero nunca nos ofrece soluciones definitivas. Por eso, por una parte, acepto los más inesperados regalos de la inspiración y voy anotando versos en hojas sueltas (que muchas veces se me pierden), pero por otra parte suelo escribir con parsimonia y dejo mis esbozos poéticos madurar meses (o años) antes de dejarles encontrar a sus lectores. Y a sus traductores. Además, como en el fondo me interesa tanto el lenguaje y las bases mismas de la comunicación poética, mis poemas resultan a veces difícilmente traducibles. ¡Debo aquí dar las gracias a José Mohedano Barceló, Abel Murcia y Carmen Ruiz de Apodaca por haber tratado esos textos con tanta paciencia!

¿Crees que la poesía debe tener un “compromiso” más allá de su propio lenguaje, de su “daimonion”, de su rigor ético y estético, de su condición de palabra única que abra otras realidades y nos permita ver, entender, acceder a una conciencia más profunda de las cosas?

El poeta mexicano Javier Sicilia acaba de darnos una muestra de cómo se puede asumir una posición política siendo poeta -y padre-. Sesenta años antes, en Washington D.C., un poeta polaco exiliado (Czeslaw Milosz) escribía esas palabras muy duras que intenté traducir con apoyo de Juan Manuel Roca:

Tú que hiciste daño a un hombre sencillo (...)
No te creas a salvo. El poeta no olvida.
Puedes matarlo -otro nacerá.
Se registrarán sucesos y conversaciones.
Más te convendría un amanecer en invierno,
y un lazo, y una rama caída bajo el peso.

En el mundo actual la poesía puede asumir una posición política -o sea, activa y lúcida- también frente al consumismo, el machismo, la violencia conyugal, la desigualdad de los sueldos entre ambos sexos, el aborto tratado como una solución del “problema” sin tomar en cuenta la salud de las mujeres, la inmigración que lleva a la esclavitud, el tráfico de órganos, el analfabetismo político de los ciudadanos... Y sin embargo, no hay que olvidar que la recepción de cada texto poético depende tanto de las intenciones del autor, como de su lector y del uso que se le reservará en el presente -y en el futuro-.

Dinos cómo enriquece tu experiencia poética el ejercicio artístico, el dibujo, la fotografía.

Gracias por esta pregunta, tal vez la más íntima de todas. Recuerdo dibujar desde muy pequeña; recibí mi primera cámara fotográfica a los ocho años; escribí mi primer poema a los diez. Han sido, en mi caso, ejercicios paralelos y bastante complementarios. Dibujé para liberar la energía, tomé fotos para conjurar un instante, escribí para alejarme de mí misma. En algún momento tuve que tomar una serie de decisiones: por una parte, en el mundo actual, tanto las artes gráficas como la fotografía ofrecen muchas más oportunidades de ganarse la vida que la poesía; por otra parte, exigen también un esfuerzo considerable,una adquisición
de cierto material o ciertas técnicas. Abandoné muy pronto la idea de estudiar el arte, la pintura o la fotografía: en cambio, llevo unos diez años trabajando de periodista especializada en la fotografía contemporánea. No soy fotógrafa profesional, pero he tenido un montón de exposiciones, he realizado una serie de retratos de los autores polacos y he vendido mis fotos a varias editoriales. Sin embargo, como no tengo que ganar mi vida vendiendo las fotos, eso me da más libertad. Suelo publicarlas en la Internet, en ww.eloyexpress.blogspot.com y en www.zoomwzoom.blogspot.com -considero cada fotoblog como una suerte de diario de un alter ego. O como el esbozo de un libro por publicar.

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Marta Eloy Cichocka (Cracovia, 1973)es poeta, traductora y fotógrafa, periodista e investigadora con el título de doctora otorgado por la Universidad de París VIII; enseña literatura española e hispanoamericana en Cracovia y en Varsovia. Es autora de dos libros de fotografías y textos poéticos: Wejscie ewakuacyjne (Entrada de emergencia)y Lego dla ego (Lego para el ego); y de una publicación teórica: Entre la nouvelle histoire et le nouveau roman historique. Ganó el Concurso nacional de Poesía Halina Poswiatowska (2004).

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(Publicada en Generación de El Colombiano de Medellín, Colombia, el 30 de octubre de 2011)

viernes, 8 de julio de 2011

Hildegard von Bingen : "O dulcis Divinitas"



El ángel va a desaparecer. Entre las ramas, es casi una corteza. Sólo escucho su canto, no puedo distinguirlo. Toma la belleza de la hoja, la libélula. Me señala con el viento un punto en el que debo concentrarme. Sí, allí está con todo su brillo. Algo me enseña. En poco tiempo, podría dibujar la perfección del mundo, un siglo, lo que el dios de la montaña.

¿Y después?

Un cielo cae del árbol cubierto de hormigas. El ángel transformado, su belleza roedora, el más antiguo. También en él hay un mapa, la misma escritura pero en otro tiempo, el mensajero de la aurora en los jardines de la noche, la misma luz pero en los ojos de la muerte. —¿Nada ha cambiado entonces?—No, es el mismo rostro, el gusano que antes era estrella, una misma voz en ambas bocas. Nada ha cambiado. Salvo el momento de mirar y de comprender.

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MAIASTRA, III
2004

jueves, 5 de mayo de 2011

Fragmentos



- “ Entre todos escribieron el Libro, Rimbaud / pintó el zumbido de las vocales, ¡ninguno / supo lo que el Cristo / dibujó esa vez en la arena!, Lautréamont / aulló largo, Kafka / ardió como una pira con sus papeles: - Lo / que es del fuego al fuego; Vallejo / no murió, el barranco / estaba lleno de él como el Tao/ lleno de luciérnagas; otros / fueron invisibles; Shakespeare / montó el espectáculo con diez mil / mariposas; el que pasó ahora por el jardín hablando / solo, ése era Pound discutiendo un ideograma / con los ángeles, Chaplin / filmando a Nietzsche; de España / vino con noche oscura San Juan / por el éter, Goya, / Picasso / vestido de payaso, Kavafis/ de Alejandría; otros durmieron / como Heráclito echados al sol roncando / desde las raíces , Sade, Bataille, /Breton mismo; Swedenborg, Artaud, / Hölderlin saludaron con / tristeza al público antes / del concierto: / ¿qué hizo ahí Celan sangrando/ a esa hora / contra los vidrios?” – CONCIERTO- Gonzalo Rojas

- “ Nunca seremos / lo que momentáneamente fuimos / pero es un triunfo / esta pérdida constante. / Lo que se salva es únicamente / el silencio de una hoja; / el cuerpo anochece / parejo con el día 7 hasta el inesperado resplandor / de la noche negra. / Fragmentos de vida / reemplazan los colores / en pequeñas descripciones / de un sueño / pasturajes reemplazan / penumbras de luz / sobre la piel efímera. / Cegada por tanta negrura / yo andaba buscando un dios / y se me dio sólo un dedo / para arañarme yo misma; / ahora triunfo / en mis más ocultas partes / donde la idea / se concibe: aquí/ comprendí finalmente / que yo seré la primera en partir.” EL TRIUNFO DE LA PÉRDIDA CONSTANTE – Katerina Anghelaki-Rooke

- “ La incertidumbre de hacer un poema no es porque no haya lectores / o amantes de la poesía / ni porque no queden almas sensibles sobre el mundo // Tampoco porque a veces se derrumbe en nosotros con el escenario parte de la iluminación 7 Ni porque en el fondo hacer un poema sea el acto menos afortunado / entre los muchos que la técnica tiene por estúpidos // La incertidumbre de hacer un poema parte del mismo poema / que finalmente ignora su papel como poema / y desea con fervor parecerse a una piedra / o ala arena / o al agua / O mejor Ser la piedra / la arena / y el agua / que todo poeta desdice.” LA INCERTIDUMBRE DE HACER UN POEMA – Gustavo Pereira

- “ Soy un albañil, un sacerdote del polvo / fuerte como un monstruo, como la corteza del pan / soy un nenúfar, soy un guerrero de los árboles sagrados / de los sagrados sueños, grito con los ángeles // soy un castillo, una pared muerta / conduzco naves, soy un barquero para los viajeros / ¡Oh madera! ¡madera! / garzas, venid, sangre // venid, jardineros; luz, ilumina / ven, mano extendida, cristal / azules remolinos, ven, tersura / viento que deslizas seres de otros campos // aquí los prados están quemados, la lava bulle / los pastores esperan, agitando sus alas impacientes / los perros olfatean, los ovejeros, / aquí se yergue la memoria, el orden, los signos del porvenir.” SOY UN ALBAÑIL – Tomaz Salamun

- “ Ahora / en los dedos / se recoge la sangre // de la primera falange / se retira // la sangre / es la que toca / sin ella el tacto se aduerme // el tacto / va en la sangre / ella lo arrulla / la sangre es la nana / del tacto / le canta canciones de sueño / y lo enardece // la sangre se contiene / en flujo y reflujo / sin un cuchillo / que abra // la sangre también asiste / al pensamiento // la sangre piensa en sí.” LA SANGRE – Javier Naranjo

- “ ¿Quién eres tú, misteriosa / paloma vegetal de las aguas / perfumada estrella viviente? / -Cuando alza el azafrán como un monarca / su morada corona / y hace brillar su pistilo escarlata / del color de unos labios diciendo: “ cosechadme” / y las lentejas de agua / y las castañas de agua / abren sus verdes ojos y pasean por el lago / yo lanzo mis raíces / a las profundidades / navego / por debajo / en un viaje de muerte / como el amor terrible / atravieso el olvido / y llego hasta la tierra sub-acuática / como a un palacio negro / y allí entro / sombrío, soberano / a comenzar mi historia / y entonces / vivo contra las aguas / desde la tierra al cielo / como el amor real / y majestuoso / subo / de la savia a la flor / y entonces soy / corazón blanco en las manos del río / soy nube anclada / de salvajes raíces / soy el suave / cordero / de las lagunas: la rosa de Siddhartha.” – EN LA INDIA (LOTO)- Blanca Andreu

-¿Es este el mar que arrastra por los campos / que rodea los muros y las torres, / que levanta manos como olas / para avistar de lejos su presa o su diosa? / ¿Es este el mar que tímida, amorosamente / se pierde por callejones y plazuelas, / que invade jardines y lame pieles / y labios de estatuas rotas, caídas? / No se oye otro rumor que el borbotón / del agua deslizándose por sótanos/ y alcantarillas, llevando levemente / en peso hojas, pétalos, insectos? / ¿Qué busca el mar en la ciudad desierta, / abandonada aun por gatos y perros, / acalladas todas sus fuentes, / mudos los tenues campanarios? / La ronda inevitable prosigue / el mar enarca el lomo y repite / su canción, emisario de la vida / devorando todo lo muerto y putrefacto. / El mar, el tierno mar, el mar de los orígenes, / recomienza el trabajo viejo: limpiar los estragos del mundo / cubrirlo todo con una rosa dura y viva.” EL MAR EN LA CIUDAD- Emilio Adolfo Westphalen

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(Tomado de Prometeo, nro. 45-46)